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Pánico en Acapulco por Covid-19, hoteles vacios y playas desoladas

En menos de 15 días, el Covid-19 ha logrado colapsar la economía de Acapulco y crear pánico colectivo entre sus habitantes.

Esta epidemia, aseguran empresarios, comerciantes y pobladores, es más devastadora que los huracanes Paulina e Ingrid y la tormenta tropical Manuel que azotaron a este puerto en las dos últimas décadas.

E incluso afirman que les ha golpeado más económicamente que la narcoviolencia que desde 2006 no para en este importante destino turístico de México y que hasta la fecha, según colectivos de las víctimas de este flagelo, ha dejado un saldo de más de 14 mil homicidios dolosos y cientos de personas desaparecidas.

Y es que, pese a la inseguridad pública, Acapulco mantenía un repunte de turismo, principalmente en las temporadas de Semana Santa y las vacaciones de verano y de diciembre.

En la Semana Mayor de 2019, la derrama económica por la afluencia turística fue de mil 496 millones de pesos.

Durante esas semanas del año pasado, Acapulco fue visitado por 496 mil turistas que ocuparon más de 150 hoteles, hospederías y condominios de tiempo compartido, señala el vocero del ayuntamiento de este puerto, Silvestre Arizmedi.

Pero hoy, a 20 días de que se dio a conocer el primer caso de coronavirus en Acapulco -actualmente suman 36- el panorama es desolador. Cierre de playas, hoteles, hospederías, bares, centros nocturnos, discotecas, centros deportivos, cines, plazas comerciales y gimnasios.

La Costera Miguel Alemán, que siempre lucía aglomerada de vehículos y turistas caminando sobre las banquetas, está vacía.

Caleta y Caletilla, las playas más visitadas, sobre todo en las últimas tres décadas por el turismo nacional, se encuentran desiertas.

La Quebrada, otro de los lugares a donde acudían los visitantes para observar el show de los clavadistas, está cerrada.

Hoteles de lujo y playas privadas de las zonas exclusiva de Zona Diamante y Punta Diamante -que fueron construidas, de acuerdo con acusaciones, a base de despojos de tierras a campesinos durante el Gobierno de Carlos Salinas- están desoladas.

El presidente de la Asociación de Hoteles y Empresas Turísticas de Acapulco (AHETA), José Luis Smithers, dice que es grave lo que ocurre en este puerto y que las consecuencias económicas ya se están viviendo.

Y pide a los turistas respetar y no ir al puerto, porque primero es la salud y después la economía. «Vamos a salir de ésta y nosotros esperamos que esto (la pandemia) se detenga», sostiene. En Acapulco, hay 250 hoteles de una y hasta cinco estrellas, dice el empresario.

Javier Saldívar Rodríguez, vicepresidente regional de la Cámara Nacional de Comercio Servicios y Turismo (Canaco-Servitur), califica de «desolador» el panorama que se vive, ya que los empresarios, comerciantes y prestadores de servicios en las playas desde enero se preparaban para recibir a miles de turistas en esta Semana Santa.

Señala que el 80 por ciento de las medianas y microempresas de este puerto, y que generan más de 150 mil empleos directos, prácticamente están en la quiebra a más de dos semanas de que empezó el descenso de afluencia turística a causa del Covid-19.

El empresario recuerda que la gente del Municipio ha vivido tragedia tras tragedia como consecuencia de los fenómenos meteorológicos y una serie de sismos.

Advierte que aunque la violencia le ha pegado muy fuerte a la economía del puerto, no ha sido impedimento para que la gente acuda a este destino turístico.

Saldívar Rodríguez afirma que a pesar de todas esas calamidades que han azotado a Acapulco, la temporada de Semana Santa significaba un respiro para los empresarios, prestadores de servicios turísticos, comerciantes y vendedores ambulantes en las calles y playas.

La ciudad genera más del 87 por ciento de los recursos económicos que mueve al Estado de Guerrero, detalla.

Prevé que una vez que pase esta pandemia -que él cree que sea hasta julio-, de las 40 mil medianas y pequeñas empresas que hay en Acapulco, solo 10 mil podrán reiniciar actividades.

Saldívar Rodríguez alerta de un conflicto social de grandes dimensiones en la localidad debido a que miles de personas se quedaron sin trabajo.

Asegura que la mayoría de las empresas mandaron a sus trabajadores a sus casas para que se encierren y cuiden su salud pagándoles un mes de salario. Sin embargo, considera que ya no podrán sostenerles el salario otro mes.

En estas dos últimas semanas, vendedores ambulantes y pequeños comerciantes de las playas y mercados de artesanías que se quedaron sin un sustento económico han realizado bloqueos en las dos principales avenidas de este puerto: la Miguel Alemán y la Cuauhtémoc.

La Alcaldesa morenista, Adela Román, y el Gobernador priista Héctor Astudillo, han contenido estas protestas otorgándoles despensas con una dotación de un kilo de arroz, frijol, harina de maíz, azúcar y café.

Silvestre Arizmendi, vocero de la edil, señaló que el ayuntamiento tiene 50 mil despensas para repartir a vendedores ambulantes, pescadores, lancheros y colonos.

La Alcaldesa, que va protegida con una careta, recorre las colonias entregando los paquetes con comida.

«Esas despensas solo servirán para unos días, pero estamos hablando de que este problema de salud va a durar muchas semanas», señala Saldívar Rodríguez. «Ojalá y no haya saqueos en las tiendas».

El pasado martes 7, unos 30 encapuchados intentaron saquear la tienda Soriana en la Avenida Cuauhtémoc, pero el arribo de policías estatales y agentes de la Guardia Nacional se los impidieron.

Saldívar Rodríguez y el empresario hotelero Jorge Laurel González dicen que este fin de semana la ocupación hotelera en Acapulco es de un 3 por ciento, algo inédito.

Los dos reclaman la falta de solidaridad del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador porque éste no ha planteado un plan de rescate financiero a las empresas.

Saldívar considera injusta la apreciación que ha hecho el Presidente sobre los actuales empresarios, al compararlos con aquellos que se beneficiaron con el Fobaproa.

«Nosotros somos empresarios de Acapulco de negocios familiares que vivimos al día y estamos seguros de que con esta pandemia muchas de estas empresas familiares nunca van a volver a abrir sus puertas porque no tendrán dinero para la reapertura», prevé.

Los empresarios aseguran que hasta el momento ningún trabajador ha sido dado de baja en el IMSS.

«Nosotros somos muy solidarios y responsables, pero vamos a ver hasta cuándo aguantamos», menciona Laurel.

 

Con información de Jesús Guerrero

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