La ruta al Estadio Banorte, una de las principales arterias de la ciudad, se ha convertido en un calvario para automovilistas, ciclistas y usuarios del transporte público. Pero, ¿dónde están las autoridades? El constante deterioro y los obstáculos carentes de mantenimiento no son solo un inconveniente; son un insulto a la ciudadanía que espera infraestructura digna y un transporte eficiente.
Es hora de preguntarnos: ¿quién está pagando el precio de la ineficiencia gubernamental? ¿Por qué esta situación ha sido permitida durante tanto tiempo? Los miles de usuarios que intentan acceder al estadio no merecen ser sacrificados en el altar de la desidia administrativa. No solo se trata de un evento deportivo; es un llamado a la acción. ¿Hasta cuándo soportaremos esta falta de responsabilidad por parte de quienes deberían velar por nuestra seguridad y bienestar?
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