8 de junio de 2026 | Redacción Súmate México

Doce años después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que la ONU se suma al caso con apoyo técnico y periciales especializadas. La noticia llega en un momento en que el expediente parece atascado entre los archivos militares que nadie quiere abrir y las familias que llevan más de una década exigiendo verdad. La intervención internacional es bienvenida, pero también incomoda: si México necesita a la ONU para investigar sus propias tragedias, algo muy grave ha fallado aquí.
El caso Ayotzinapa es la herida abierta que ningún gobierno ha logrado cerrar — ni Peña Nieto, que construyó la “verdad histórica” que desmoronó ante los peritos, ni López Obrador, que prometió resolver el caso y dejó el sexenio sin hacerlo. Ahora Sheinbaum hereda el expediente más explosivo de la política mexicana y apuesta por la ruta internacional como señal de transparencia.
Las familias siguen esperando. Ya no creen en comisiones ni en anuncios. Solo creen en pruebas, en nombres, en responsables ante la justicia. Que la ONU entre al caso es un paso, pero un paso en un camino de 12 años que no ha llegado a ningún lado. La pregunta que nadie quiere responder sigue en pie: ¿dónde están los 43?
— Redacción Súmate México
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