El futbol tiene muchas caras en el Mundial 2026. Una de las más comentadas esta semana es la de la Selección de Irán, que se concentra en Tijuana, ciudad fronteriza que se convierte así en uno de los escenarios más exóticos de este torneo. La elección de Baja California como sede de entrenamiento iraní es curiosa y llena de simbolismo geográfico: a metros de Estados Unidos, el equipo de una nación que enfrenta sanciones y presión occidental prepara su participación mundialista.
Irán llega al torneo con una delegación que inevitablemente arrastra el peso de la tensión política internacional. Sus jugadores tendrán que rendir en la cancha mientras el mundo debatirá si el futbol puede o debe separarse de la geopolítica. La FIFA insiste en que no. Los activistas y algunos gobiernos, en que sí.
Tijuana, por su parte, recibe esta visita con los brazos abiertos: una selección nacional instalada en la ciudad es derrama económica, turismo y visibilidad global. Para una ciudad que carga con el estigma de la violencia, ser sede de concentración del Mundial es una oportunidad de cambiar la narrativa. Tijuana y la Selección de Irán: una alianza improbable con beneficios reales.
— Redacción Súmate México
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